Algunas personas piensan que la lectura de novelas es un simple entretenimiento sin mayores consecuencias para los lectores, que las historias y anécdotas de los libros son relatos ficticios sobre hechos que acontecen en mundos irreales, fantásticos; mundos que no existen en la realidad, como, por ejemplo, la mayoría de los denominados triller. Sin embargo, al analizar lógicamente esta premisa nos damos cuenta que los escritores no pueden ser ajenos a nuestras realidades, ellos son entes concretos, individuos que cohabitan con nosotros, se comunican, conocen y se relacionan con otros seres en espacios muy parecidos a los nuestros. Los escritores son personas que piensan y actúan de cierta manera de acuerdo a su pertenencia a determinada clase social, lo que conocemos como ideología. Claro está que algunos aparecen con una aureola ideológica aparentemente neutral, pero al leer entre lineas sus escritos podemos identificar las ideas políticas que los impulsan.

Pienso, por ejemplo en John Maxwell Coetzee, Premio Nobel de Literatura en el año 2003, nacido en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, el 9 de febrero de 1940, cuando los demonios de la Segunda Guerra Mundial hacían de las suyas en toda Europa, África y Asia. Cotzee sudafricano blanco, vivió y escribió en el país donde la política del apartheid se mantuvo en plena vigencia hasta fines de 1992, sin opinar sobre el racismo del régimen. Solo en la novela “Vida y época de Mikael K”, Coetzee se refiere a la represión en Sudáfrica refiriéndose a ella como “guerra civil”, ocultando entre sus lineas las verdaderas dimensiones de la lucha que realizaba la población negra surafricana en contra de la política del apartheid que caracterizaba al régimen.

¿Y por qué me acuerdo del escritor sudafricano, hoy australiano?

Lo recuerdo en esta fecha porque acabamos de conmemorar el 47 aniversario del violento Golpe de Estado en Chile y el genocidio que el dictador Pinochet con sus militares desataron en contra del desarmado y pacífico pueblo chileno.

¿Y qué tiene que ver la crueldad infame de este dictador y sus verdugos sanguinario con el escritor Coetzee? La verdad es que pensamos que Coetzee al vivir bajo condiciones del apharteid y contemplar escenas de represión racista en contra de la población mayoritariamente negra, debería condenar tales actos. En la novela “Elizabeth Costello”, Coetzee expone una opinión sobre los hechos de torturas y violencia en el caso del nazismo en Alemania al poner en boca de su protagonista que “los actos de los verdugos de Hitler” son escenas “que después de que hayan tenido lugar nadie debería sacarlas a la luz, sino que habría que taparlas y esconderlas para siempre en las entrañas de la tierra; escenas que habría que ocultar a los ojos de las doncellas y los niños”.

Por extensión, ¿de igual manera se debería hacer con los miles de torturados, asesinados y desaparecidos durante las dictaduras militares sudamericanas? ¿hacer de cuentas que nunca sucedieron y ocultar esos dramas “a los ojos de las doncellas y los niños”?

¿Que las represiones, torturas, asesinatos, genocidios, deben ser olvidadas y seguir adelante como si nada hubiera sucedido?

Desgraciadamente  no es el único que piensa de tal manera. En nuestro mundo hay muchas personas para las cuales el holocausto de la Segunda Guerra Mundial jamás existió; que nunca hubo una “noche de los cuchillos largos” en la Alemania nazi; tampoco la masacre de medio millón de personas acusadas de comunistas en Indonesia en los años 60’s; los genocidios en Guatemala, Brasil, Argentina, Bolivia; Perú, Chile, Uruguay, Paraguay, en casi todos los países de América latina, deben ser ocultados; las torturas, asesinatos, deben ser borrados de la historia humana; por lo mismo ocultar la desaparición de los 43 muchachos normalistas secuestrados y asesinados en el Estado de Guerrero, México y olvidar el genocidio de cientos de miles de muertos y desaparecidos generada por una supuesta guerra contra el narcotráfico.

Pero, para suerte nuestra, aunque muchos intelectuales, auto denominados orgánicos, intenten ocultar los acontecimientos trágicos y las represiones masivas, en sus propios escritos dejan entre sus lineas algunos resquicios que nos permiten asomarnos a descubrir la verdad histórica. Aunque, para ser justos en nuestras apreciaciones debemos reconocer que hay escritores que se atreven a relatar la verdad, como lo hiciera J. M. Le Clezio en su novela Desierto que nos muestra el violento proceso de conquista del Sahara por las tropas francesas y españolas a comienzos del siglo veinte.

Imagino que bajo las actuales circunstancias históricas en un futuro relativamente cercano habrá muchos libros que relaten la realidad que nos rodea para dejar un claro recuerdo a las próximas generaciones humanas de lo que fue y representó el Cobid 19 para la población mundial. Que sea algo diferente a lo acontecido con la llamada “gripe española”, que aún cuando provocó la muerte de más de 40 millones de personas, no hay muchas producciones literarias que nos relaten la catástrofe. Por lo contrario, las características de la Primera Guerra Mundial fueron minuciosamente tratados en libros, películas y obras de arte, a pesar que la cantidad de muertos fue menos de la mitad de los fallecidos por la gripe española.

¿Cómo entender esta escasa atención que se le concedió a la gripe española a pesar de su catastrófico efecto pandémico?

¿Usted lo entiende? Yo tampoco, pero la escasez de análisis serios sobre esa pandemia creo que ha dificultado de cierta manera el manejo de la enfermedad por el común de la gente, la ignorancia generalizada de las características y consecuencias de la gripe española impidió que funcionara la alerta en la población que tomó muy a la ligera al perverso Covid 19.

¿Les parece? De nada y hasta siempre estimadas amigas y amigos.  

 Rolando GONZÁLEZ ALTAMIRANO