Si las tantas verdades -que cada uno de nosotros ha venido dilucidando pacientemente en su mente, con el único propósito de aferrarnos a la razón, que como humanos, nos permite acceder a un nivel superior dentro del reino animal-, nos pudieran -en este momento que nuestra existencia individual y colectiva, así como la preservación de nuestras especies y el medio ambiente, cuelgan seriamente de un hilo-, indicar el camino correcto a tomar en esta era de desastres ecológicos y pandemias, no habría lugar a dudar de la ciencia, ni de sus verdaderas intenciones.

He leído y escuchado diversas posiciones de científicos eruditos en la materia, de todos ellos desconozco -como podría ocurrirnos a muchos de nosotros, ignorantes y ajenos a la verdad-, para quién realmente trabajan, sin dejar de preguntarme si ellos son conscientes de a quiénes venden sus conocimientos e investigaciones. En este aspecto de lo único que podría  no dudar, echándole mano a principios filosóficos, es en que la enseñanza de la deontología en la academia, al día de hoy, ha sido un rotundo fracaso.

Decir públicamente -sirviéndose de medios de información no convencionales, hoy también de largo alcance, poder económico, y un amplio espectro publicitario-, que existe una conspiración que involucra a la ciencia al servicio de la industria privada, en alianza con algunos estados totalitarios, para sirviéndose de una falsa vacuna promocionada directamente por iluminados, intentar destruirnos, se sale de mi capacidad de entendimiento.

Confirmar públicamente que oscuros intereses pretenden apoderarse de nuestro ADN, limitar nuestro desarrollo cerebral, esterilizarnos y comenzar -con mayor éxito que el del diluvio universal, que el de las siete plagas de Egipto, que  el de la hambruna, que el de la peste negra, que el de la gripe española, que el del holocausto, que el del sida, que el del cólera, que el del ebola, que el de la guerra misma-,  el nuevo programa de reducción de población mundial, no deja de prender las alarmas, y dar vida, a lo que la muerte sabiamente ha solucionado. Dejando claro y haciendo salvedad, que mi ironía, nunca ha hecho, hace, ni hará parte de complot alguno. Mis escritos sólo hacen parte de la ficción, y en la ficción perdurarán.

Asegurar públicamente que el ateísmo y el comunismo en pleno siglo XXI, por fin lograrán apoderarse a través de una vacuna, de la totalidad de nuestras retorcidas mentes, no sé cómo deba interpretarlo, si como una leve estocada a las doctrinas que hoy manejan mejor que nunca nuestras necesidades, nuestra espiritualidad y nuestra mente, o como el renacer de un nuevo orden mundial, tan fuerte y poderoso, que llegará –sin necesidad de orquestar una tercera guerra mundial- para quedarse, y que tampoco nos liberará de seguir siendo nada más que entes en la inmensidad.

Todo esto seguirá siendo demasiado confuso para los que estamos tan alejados de toda manipulación política, que siga otorgándoles el Poder a los que siempre lo han tenido. Hoy intentar salvar tu vida o la de tus más allegados, sigue en las manos del orden mundial que hemos aceptado, en las manos  de las jerarquías de la doctrina a la que tú perteneces, hoy salvar tu vida sigue siendo la misma ruleta rusa, una lotería, el mismo cara y sello con monedas falsas, con limosnas, con la misma lucha por la supervivencia.

Carlos Adolfo Rodríguez

Columnista Revista Hebdo Latino Suiza, obras publicadas por Editorial Verbum España y Editorial Rove Argentina.