Alrededor de la mitad de la población mundial aún vive con el equivalente a 2 dólares diarios, mientras que una vaca típica de la Unión Europea recibe un subsidio gubernamental de U.S-$2.20 por día. Con demasiada frecuencia, tener un empleo no garantiza la posibilidad de escapar de la pobreza. Una carencia persistente de oportunidades de trabajo decente, e inversiones insuficientes y bajo consumo producen una erosión del contrato social que es el fundamento de las sociedades democráticas: el derecho de todos a compartir el progreso.

Colocar la creación de empleos en el corazón de la elaboración de las políticas económicas y de los planes de desarrollo, no sólo permitirá crear oportunidades de trabajo decente, sino también un crecimiento más sólido e inclusivo que permitirá reducir las desigualdades. Es un círculo virtuoso que beneficia tanto a las economías como a la población y es un motor del crecimiento sostenible.

«El desarrollo viene con el empleo». Esta simple frase resume una realidad de siempre: que el trabajo permite a los hogares de bajos recursos superar la pobreza, y que la expansión del empleo productivo y decente es la vía hacia el crecimiento y la diversificación de las economías. Para todos los países, cualquiera que sea su nivel de desarrollo, la base para impulsar la prosperidad, la inclusión y la cohesión social de manera sostenible y creciente es contar con una oferta suficiente de empleos.

Cuando la escasez de empleos o medios de vida disponibles mantienen a los hogares en la pobreza, hay menos crecimiento, menos seguridad y menos desarrollo humano y económico. En el contexto actual de una economía internacional frágil y turbulenta, la creación de empleos es la prioridad mundial más acuciante * en materia de desarrollo.

En un momento en que las Naciones Unidas y la comunidad internacional debaten sobre la agenda para el desarrollo de los próximos decenios, el empleo debería ocupar un papel protagónico en las discusiones. La aspiración de contar con empleos y medios de vida más remuneradores y basados en la dignidad y el respeto constituye un objetivo de desarrollo con el que se identifica la gente en todas partes del mundo.

Pero la realidad es porfiada, la mayoría de los trabajadores de los países en desarrollo “desempeñan labores de baja productividad que, siendo con frecuencia físicamente pesadas, sólo les aportan remuneraciones mínimas”. La OIT reconoce en la mayoría de sus informes que, si bien para la mayoría de los países en desarrollo el pleno empleo es un objetivo a “largo plazo”, su planteamiento en lo inmediato “ofrece un provechoso marco para la formulación de las políticas de empleo”.

Entre los objetivos que deberían perseguir las autoridades figuran el logro de “una tasa de crecimiento del empleo productivo en los sectores modernos superior a la tasa de crecimiento de la fuerza de trabajo”, así como “la disminución de la magnitud del subempleo en los ámbitos tanto rural como urbano del sector no estructurado de la economía”.

Un reciente informe de la OIT, atribuye el deterioro de las condiciones de empleo que se está produciendo en muchas regiones del mundo en desarrollo (con excepción de las dinámicas economías asiáticas) a “la incapacidad para recuperarse plenamente de la crisis económica de principios del decenio de 1980”. Las bajas tasas de crecimiento – y, en algunos casos, las tasas de crecimiento negativas -, han bloqueado la creación de empleo en el sector moderno y entrañado un exceso de oferta de mano de obra en actividades de baja productividad.

La OIT preconiza que, cuando proceda, se introduzcan reformas económicas, a fin de lograr una estabilidad macroeconómica y sentar las bases para “un entorno propicio a un auge del ahorro y las inversiones, así como a la eficiente asignación de los recursos”. Ello debería permitir que los países en desarrollo “aprovechen plenamente los beneficios de la expansión del comercio y de las corrientes de inversión en la economía mundializada”.

Sin embargo la experiencia ha demostrado que el crecimiento económico por sí solo no es suficiente. El fuerte crecimiento económico de las últimas décadas, antes de la crisis, no permitió asegurar una creación de empleo sólida ni resultados económicos incluyentes. El desafío de la creación de empleo perdurará muchos años. El crecimiento a corto plazo está en proceso de desaceleración y muchas de las grandes economías enfrentan perspectivas de bajo crecimiento en el futuro previsible. Además, los efectos negativos de un crecimiento económico lento e imprevisible sobre el empleo se verán agravados por ciertas tendencias estructurales.

Las medidas erróneas del desempleo

Muchos son aún los que creen posible un tratamiento clásico del problema central de nuestras sociedades. Piensan que una mezcla de estado y de liberalismo, junto con algo de austeridad, deben permitir esperar tasas de crecimiento que hagan retroceder la exclusión social sin tener que cuestionar en absoluto, ni nuestro modelo social ni nuestro tipo de desarrollo. Es posible, desde luego, que mejore un poco la situación. Pero lo que parece cierto es que se agotó un ciclo durante el cual el crecimiento de la economía generaba empleo. De ahí que vuelva a cobrar importancia el debate sobre los marcos posibles para las políticas macroeconómicas.

Todo lo que constituye la sustancia de lo económico está en transformación constante: las técnicas de producción o los modos de consumo, los intercambios monetarios o las relaciones sociales, la ecología o las formas del trabajo. Por lo tanto importa, pues, identificar las fuerzas que soportan esas transformaciones para entender lo que arriesga la sociedad e impulsar el movimiento hacia una dirección conforme con los intereses más generales de la sociedad.

Sin lugar a dudas, el desempleo constituye el problema central de las sociedades industrialmente desarrolladas o emergentes y además es abono para todas las demás desregulaciones sociales y aventuras políticas. Esto no significa que arreglado el problema del paro se arreglaran por sí mismos los demás problemas sociales pendientes, mas aun en el marco actual del desarrollo capitalista. Pero debemos de estar consciente que no se arreglaran éstos mientras no se invierta la tendencia al desempleo. Para decirlo de otra manera, reducir durable y fuertemente la tasa de desempleo es una condición necesaria, aunque no suficiente, para hallar soluciones a los demás problemas sociales y económicos.

¿Fue la liberalización neoliberal una fuente de oportunidades para todos?

Una vez superado “el fin de la historia” y agotado el modelo de postguerra para la rentabilidad capitalista, la globalización se pone en marcha liberalizándolo prácticamente todo para intentar recomponer la tasa de ganancia.

Pero muchas son las preguntas que aún quedan sin respuestas ¿qué hay del trabajo? ¿Cuál es la relación exacta entre pleno empleo y poder? ¿Conviene la existencia del pleno empleo a las élites dirigentes?

La lógica que reside tras de esto la comentó con detalle un economista polaco con fuerte influencia marxista llamado Michal Kalecki (1899-1970). Famoso es su artículo llamado “Aspectos políticos del pleno empleo”. En él, Kalecki hace un repaso por qué el pleno empleo es ventajoso y a su vez desventajoso según para quién.

A medida que va esgrimiendo sus argumentos en favor y en contra demuestra que realmente el pleno empleo sólo tiene un enemigo: la burguesía. Es a la burguesía a quien no interesa el pleno empleo debido a que el pleno empleo lleva ligado un aumento del poder del trabajador (como consecuencia de que si se reduce el paro, el miedo al desempleo desaparece y el trabajador se vuelve más exigente).
Kalecki sostiene que la burguesía, ante una bolsa salarial más elevada como consecuencia del pleno empleo, se garantiza mayor beneficio, pero que dicho beneficio no compensa en absoluto el aumento de poder de la clase trabajadora.

Dicha explicación teórica de Kalecki tiene una total relevancia. A raíz del aumento del desempleo y de la caída del poder de los trabajadores observamos cómo los salarios decrecen, cómo las huelgas son menos decisivas y las prestaciones sociales extra-salario (salud, educación, pensión o desempleo) se reducen. Sin embargo, detrás de esta realidad no sólo se atisba como analizaba Kalecki una reacción defensiva de la burguesía; sino también una ofensiva.

El desempleo como herramienta de poder para la reducción de salarios (y poder de la clase trabajadora) se ve acompañada en nuestra época por la creación de mercados para la recomposición de la tasa de ganancia, rota tras la crisis financiera. Así, y como ya explicamos el deterioro en la salud, la educación, las pensiones o el desempleo como consecuencia del aumento del desempleo, abre la posibilidad de que la burguesía recomponga su tasa de ganancia a través de la sanidad privada, la financiación privada de la educación (pública o privada), los planes de pensiones y la necesidad de un seguro por desempleo. El mundo financiero y de los seguros sigue en ofensiva permanente.

Es, por tanto, el análisis del desempleo un análisis que debe ir más allá de la tragedia de los millones de parados, y debe ser visto como una herramienta de dominación de las burguesías sobre los trabajadores y una herramienta para la creación de un nuevo modelo de sociedad que permita recomponer la tasa de ganancia hasta su próximo declive. Las condiciones por parte de la burguesía están dadas, y no saber interpretarlas y combatirlas será, sin duda, un error histórico de consecuencias dramáticas. Los gobiernos del progresismo tienen una responsabilidad histórica por no haber ni siquiera intentado salir del marco impuesto del llamado pensamiento único, contentándose con las estadísticas de creación neta de puestos de trabajo, cuya característica principal es la de ser empleos precarios, de corta duración, favorables a la desregulación del mercado del trabajo (sin contratos) y de bajo nivel de valor añadido, lo cual, desde el propio criterio del liberalismo, nos sitúa en peor situación de competitividad.

Algunos datos de la OIT

• Desde 2008, el crecimiento del empleo se ha situado en promedio en sólo 0,1 por ciento anual, frente a 0,9 por ciento entre 2000 y 2007.

• Más de 60 por ciento de todos los trabajadores no tienen contrato de trabajo alguno.

• Menos de 45 por ciento de los trabajadores asalariados están empleados a tiempo completo con un contrato a tiempo indeterminado, y esta proporción está disminuyendo.

• Para 2019, más de 212 millones de personas estarán desempleadas, frente a las actuales 201 millones.

• 600 millones de nuevos empleos deberán ser creados de aquí a 2030, sólo para mantener el ritmo de crecimiento de población en edad de trabajar.

(*) Que urge o exige rápidamente solución

Por Eduardo Camin

Columnista de nodal
Jefe de redacción Hebdolatino Ginebra