Hay quienes reflexionan cuando conviene obrar, hay otros que obran sin haber reflexionado. Tal vez no sin razón se dice que el débil de memoria no se debe meterse a embustero.

Todos notamos en nosotros mismos tales agitaciones, en forma de opiniones prontas vehementes y fortuitas. Creo que, en el último Congreso del Frente Amplio, hubo algo de eso, donde el sentimiento general es que se ha generalizado el concepto de “cómo te digo una cosa te digo la otra”, te aplaudo de pie y te mato sentado.

En efecto, más de 800 congresales se pusieron de pie en el reciente Congreso del Frente Amplio para aplaudir la presencia de dirigentes de la central de trabajadores de Venezuela. “Queríamos saludarlos desde la mesa antes de que se retiren”, dijo el presidente de la coalición Javier Miranda. El cálido recibimiento se dio en un marco difícil por la compleja relación entre el gobierno del presidente Tabaré Vázquez y el presidente venezolano Nicolás Maduro.

Dejando lo anecdótico de lado, vayamos a los hechos, y estos que nos dicen; que el Frente Líber Seregni, sector al que pertenece el canciller Rodolfo Nin Novoa, votó en contra de una moción aprobada por el Congreso del Frente Amplio que cuestionaba la política intervencionista de Estados Unidos y se acusaba a ese país de “aislar” y “satanizar” a Venezuela. Además, y por si fuera poco la coalición logró desactivar la votación de una declaración en respaldo al gobierno del presidente Nicolás Maduro.

Repasando el discurso, o mejor dicho los hechos, incluso en aquellos que se reclaman de filiación Marxista, se constata el debilitamiento, cuando no la ausencia, del postulado de unidad latinoamericana, que en estos tiempos de definiciones han recrudecido.

Acotamos que, en otras muchas instancias a lo largo y ancho de América Latina, surgen voces disonantes para reclamar por la defensa de aquellos proyectos en contradicción con los designios del imperio. Pero también aquí los hechos nos determinan que el lirismo se fortalece más en lo nacional particular, que en aquellas escasas referencias a lo latinoamericano que no trascienden mas allá del concepto de integración económica.

El referente ya no es el ideal latinoamericanista históricamente considerado – de Martí, Bolívar, Artigas y tanto otros, – sino la Unión Europea lo que no es solo desconocer nuestra realidad económica y política, sino saltearse el elemento central de nuestra condición dependiente, acentuada dramáticamente en el contexto del mundo globalizado.

Nadie en su sano juicio podrá desdeñar estos vínculos económicos, en este sentido citamos a Mariátegui que los consideraba “el principal agente de la comunicación y la articulación de los pueblos” y agregaba “… como causa especifica de dispersión, la insignificancia de los vínculos económicos hispanoamericanos “que atribuye a que estos países “funcionan económicamente como colonias de la industria y la finanza europea y norteamericana”.

Si los proyectos de integración económica están inmersos en una búsqueda por crear un gran espacio de libre comercio, los proyectos políticos de integración se han fundamentado en la construcción de una unidad política y sociocultural cuyo eje articulador está en la creación de una conciencia nacional y antiimperialista. En esta dinámica, los tratados de libre comercio o los bloques regionales caso Mercosur no representan una condición previa sobre el cual se debe asentar la unidad política y cultural latinoamericana. Y esto son los elementos que las coaliciones de gobierno deben discutir porque si aceptamos como, ya es el caso, que la integración de América Latina a nivel económico es un proceso dependiente de la globalización, debemos coincidir que los proyectos de unidad política responden a criterios que desde sus orígenes entran en contradicción con este modelo de integración.

Dicho de otro modo, las opciones políticas de unidad continental se han gestado históricamente en contraposición al proceso de absorción económica impuesta por la dinámica del imperialismo.

Es cierto, muchas veces con un alto grado de diversidad ideológica en sus formulaciones, pero han mantenido en común el ser una respuesta a la acción del colonialismo global. Un elemento central de la acción que se conecta con la defensa de la autodeterminación de las naciones. Todo lo contrario, a lo que aspira Uruguay. Hoy bajo la egida del colonialismo global tendremos la posibilidad de ver como se reconstruyen las historias nacionales. Si debemos hacer un último esfuerzo en nuestra predica periodística a no dudarlo será la de una lucha continental por evitar que esta corriente desintegradora de la conciencia latinoamericana se expanda donde cobra fuerza la construcción y defensa del proyecto bolivariano, de “Patria Grande Latinoamérica.”

La idea de una identidad cultural, descansa en la capacidad que puedan mostrar los pueblos latinoamericanos para enfrentar el ataque de las burguesías gerenciales, administradoras del gran capital de los políticos post-modernos transnacionalizados.

Esta es hoy la contradicción a la que se enfrenta el pensamiento crítico de nuestro continente de su respuesta depende parte del futuro de América Latina. Revitalizar la tradición creando el futuro, esta es en el fondo la tarea de todo resurgimiento nacional. Lo demás es pura dialéctica.

Por Eduardo Camin

Jefe de redacción internacional Hebdolatino Ginebra
Columnista de Nodal